El encuentro que transforma

“Un encuentro real con Jesús cambia tu vacío en propósito y tu esfuerzo en fruto.”

Rodrigo Mata

9/2/20252 min read

Una historia junto al lago

Simón Pedro había pasado toda la noche pescando sin lograr nada.
Cansado, frustrado, con sus redes vacías, estaba ya lavándolas cuando Jesús se acercó y le pidió su barca. Desde allí, enseñó a la multitud.

Cuando terminó, le dijo a Pedro: “Sal a lo profundo y echa tus redes.”
Pedro dudó: “Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada…” pero obedeció.

El resultado fue un milagro: redes repletas de peces, barcas a punto de hundirse.
Ante aquel poder, Pedro cayó de rodillas: “Apártate de mí, Señor, soy pecador.”

Pero Jesús le respondió con amor: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres.”
Pedro lo dejó todo… y lo siguió.

Ese día, una vida ordinaria se convirtió en una vida con propósito eterno.

Reflexión

Jesús siempre nos mira

En nuestras caídas, cansancios y redes vacías, es Jesucristo quien sale a nuestro encuentro. Su amor nos devuelve vida y nos invita a dar fruto: amor, gozo, paz, paciencia, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio.

Cuidado con las barcas vacías

Todos hemos sentido el vacío. Algunos lo intentamos llenar con cosas materiales, otros con personas, otros con vicios que encadenan. Pero ese vacío solo lo llena Cristo, en un encuentro real que transforma el alma y el corazón.

Somos instrumentos de Dios

Él no nos llama porque seamos perfectos, sino porque quiere usarnos como instrumentos. Confiar en Él nos revela nuestro valor y propósito en este mundo.

Profundiza, no vivas en la superficie

El ruido del mundo nos distrae con búsquedas falsas de felicidad. El encuentro con Dios nos invita a detenernos, escuchar su voz y caminar hacia un gozo verdadero y eterno.

No es con tu fuerza

Muchas veces sentimos que nuestros esfuerzos no dan fruto. Ese encuentro nos recuerda que no es por nuestra fuerza, sino por su poder, que alcanzamos plenitud y victoria.

Testimonio vivo de gracia

La verdadera prosperidad no está en cosas o personas, sino en el amor del Padre, que nos da en abundancia lo que realmente necesitamos.

Nada nos separa de su misericordia

No importa el pasado ni los errores. En Cristo hay perdón, restauración y una vida nueva. Su misericordia es más grande que cualquier pecado.

Vive con propósito

Un encuentro con Jesús nos libra del temor y nos regala un sentido eterno. Nos invita a soltar lo que nos ata: rencor, egoísmo, orgullo, adicciones o miedos… y a caminar ligeros, libres, con un nuevo rumbo.

En la iglesia puedes conocer de Él, pero en la oración lo conoces a Él. El lo que busca es un corazón sincero.